Menage a moi de P.T. KIM
La primera vez que tuve un encuentro de carácter sexual con Laura nos ganó el miedo. El incidente ocurrió de forma literal, nos encontramos. Yo estaba sola, en la habitación que compartíamos, echada en la cama. Era mi día de descanso y decidí quedarme en la cama a mirar la televisión. Pensé que ella había salido, toda la mañana, con sus amigas marimachos de la cuadra, así que, a tremenda situación tan favorecedora, decidí darle vuelo a la hilacha de la soledad. Ya saben, de esas veces que las manos y los pechos se sienten hechos el uno para el otro, la izquierda para el derecho, el izquierdo con la derecha. Dinámicas que comienzan con tres prendas puestas y no sabemos cómo cruzan la frontera del pocoapoco al tododeunavez. Evidentemente que estaba yo muy concentrada en mis manualidades así que no se me ocurrió revisar el seguro de la puerta. Nunca fui una mujer de candados. Sé que no soy la única, habemos muchos que disfrutamos la adrenalina del encuentro casual. Nunca se sabe quién viene por el portón.

Tan abstraída estaba que no escuché los primeros pasos de Laura sobre la duela en el piso, ni los crujidos de las paredes que en nuestra casa ya eran así de viejas. Recuerdo tener un poco de prisa y querer acabarme pronto, sin embargo sólo conseguía lastimarme y tener que empezar de nuevo. Laura me miraba por la rendija de la puerta blanca, mientras yo me encarrilaba al segundo intento. Al conseguir ese dolor estrujante entre mis muslos, supe que era hora de liberarme, de sacarme al diablo, a la virgen y a la pandilla entera de la cárcel clitorial. Parecía como si un motín de presos intentaran tirar las paredes a golpes y gritos. De pronto, Ah. Un brinco al cielo, un paraíso que huele a semillas de limón. Al despegar mi cabeza sudada y mi cara roja de la almohada, allí estaba frente a mí Laura. Recuerdo ver sus colmillos pero no sonreía. No hizo ni dijo nada. Con un meneo brusco me cubrí con la sábana y ella, con la mano en la empuñadura, dió el portazo. Vi la sombra de sus pies por debajo de la puerta, en dos segundos se habían ido y sólo quedó un reflejo de luz, una línea pálida en el piso.

0 comentarios:

Publicar un comentario