Este tendría que ser el tipo de aparición que me convertiría al catolicismo. Sin afán de ofender ningún credo que anduviera susceptible y que, por equis o ye, viaje buscando sus ovejitas perdidas en las redes del Eroticario. No veo yo motivo-razón-o-circunstancia por el que las apariciones, o milagros, no puedan (o deban) tomar lugar en las áreas propias donde Dios nos bendijo con su varita mágica: verdaderos templos donde el fiel, bien parado o de rodillas, adora incansablemente las figuras que representan la salvación de su alma y la gracia de su cuerpo. Aquí pues, hermanos y hermanas, comulguemos.

2 comentarios:

  1. dale, dale, Susana. Hay que evangelizar por aquí y por allá.

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