Creo que Mariana heredó la galantería de nuestro padre, porque todos quieren comer en su nido y de su misma lombriz. El motivo mayor por el que mi madrastra me odió hasta su muerte es precisamente por lo que tiene Don Raúl entre las piernas: La Guta. Posiblemente, además, creyó que su femineidad corría peligro de ser desintegrada por el invisible poder que tenían las nachas de mi madre, que atraían, como canto de sirenas, a su esposo con la boca abierta y corriendo como niño en busca de su nodriza ideal.

Escuché, por mi madrastra, toda clase de historias sobre deslealtad, traición, cobardía, impudicia. Cada uno de sus cuentos siempre iba tejido con el nombre de mi madre. Esa buscona, decía adolorida. Yo, en lugar de libros para colorear, crecí con calumnias que entrelazar, así, como toda una artesana de las memorias. Creo que a ella también le debo parte de quien soy, porque, entre regaños y difamaciones, me levantó la curiosidad que traía debajo del calzón. Me regaló, sin saberlo, la capacidad más grande y creativa de imaginar toda clase de cosas que tenían que ver con el sexo. Ella creía que me aleccionaba, sin embargo sus chorreos sobre inmoralidad me daban más como una cosquillita genital.

0 comentarios:

Publicar un comentario