Imagen de Art of Expression
via Flickr.
Últimamente traigo un antojo involuntario (sí, me pasa sin pensarlo). Como tengo muchos años que para quedarme dormida tengo que ponerme la mano en la rajita, ya se me hizo la costumbre mi método de relajación. Ando en mi casa y para todo, en lugar de rascarme la cabeza, me froto el panquecito. Parece que me ayuda a pensar, también. Me sorprendo con la puerta del clóset abierta escogiendo el abrigo que me quiero poner en la noche y la mano ya va para allá escurridiza. Igual en el baño al abrir el botiquín buscando vitaminas. Lo más maravilloso de esta actividad es que la puedo realizar vestida y aún así sentir mucho disfrute. Allá voy a recargarme en el lavabo que me quedó perfecto, a la altura del chicharito, mientras mi cuerpo se mece ligeramente al ritmo del shis shis cuando me lavo los dientes.

2 comentarios:

  1. Hola Anhelo:
    He dado con tu blog desde el de Lepis... y me ha gustado. Felicidades.
    Ya estaré dando la vuelta por aquí.
    (y por lo visto esa rascadita es más provechosa que la nuestra :P)
    Saludos

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  2. Saludos, Jorge! Y bienvenido al Eroticario. Brindo por un nuevo seguidor y por todos los posts que vienen.

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