Imagen de r8r via Flickr
Otra de mis extravagancias domésticas es enseñar las pechugas. Cuando digo domésticas espero que se entienda es algo que sólo hago en casa. Por supuesto que no tengo nada en contra de aquellas que se levantan la blusa en los conciertos; al contrario, me parece de una diversión sin igual y, acá entre nos, las admiro. 

Aunque lo neguemos, siempre andamos todos queriendo adivinar los pezones de toda morra de camisa apretada. Así cuando, en momento inesperado, nos levantamos la blusa frente a alguien, seguras que estamos haciendo un sueño realidad. 

Pero que quede claro, eh, que tenemos derecho a provocar sólo a quien esperamos nos corresponda. El resto de la bola de alucinados, se puede ir decepcionando. Eso va para todos los que creen equivocadamente que nacimos con carnada y por consiguiente necesitamos pescador. No funciona así, queridos compañeros. 

Si una mujer no enciende su radio, ningún hombre debe parar la antena.

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