No puede existir una mejor y más honorable muerte que la del hombre que pierde el aliento debajo de las asentaderas de su dama predilecta. 

Admirable hidalgo que todo lo puede y, lo que no, lo intenta, salve su alma con una bella penitencia por cada descuido que se le ha resbalado de la boca, al no haber querido hacer bien la limpieza detallada que se merece la caverna de su compañera, aquella por la que ya pagó antes una costilla y por la que puede usted en cualquier momento terminar pagando con su vida misma:

Limpie bien, recoveco por recoveco, incansable y con ánimo, con la frente en lo alto y el orgullo bien parado. Honre su vanidad y obtenga su insignia poderosa que le ha de otorgar el beneficio de profanar esas tumbas oscuras y libidinosas en más de un sólo panteón. 

Ya cuando haya cumplido y salga vencedor, aventúrese a la calle con dignidad ahora sí. Que los tambores del honor le aplaudan la autoestima y los testículos le resuenen entonando puros cantos de amor, que es usted un héroe y un bien merecedor.

4 comentarios:

  1. Gracias por pasarte y por tu comentario, me anima me anima.

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  2. Hola, parece que mi comentario se fue a Spam.

    ¿No has leido "Pascualino y los globos"?, se parece mucho a lo que escribes.

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  3. No, Lepis, no lo he leído, pero ya me entró el gusanito de la curiosidad. Lo voy a buscar. :D

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