Imagen de Mark H. Adams
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Cómo hay de caballeros que no le hacen honor a sus gracias. 

Con el perdón de todos ustedes, (los que sean) distinguidos señores y jovencitos, vengo a denunciar las anomalías que he visto entre grupos de varones que se las dan de más. 

Con ningún afán de criticar de otra forma que no sea constructiva, parece que algunos no han entendido que esa salchichita, que a veces duerme como un gusano, también tiene que trabajar de día (o a la hora que quiera) y producir un poco de seda. Algo por lo cual sentir un verdadero orgullo. No nada más está allí para los estudiosos de la biología, ni para tomarle fotos y admirarla; ese kilito de longaniza también participa en la economía de las virtudes, en el buen aprovechamiento de las teorías y prácticas del caldo. No sólo se levanta y pide pan, que luego llora si no le dan. 

Cómo hay de caballeros con escudo quebrantado, sin honor, orgullo o dignidad, que sueñan con lengua día y noche. Les informo que, una vez que su "milagroso" utensilio se convierta en un embutido más, su apellido no podrá sostenerse en alto más de lo que su pito lo haga. Así que, ejercite esos pelotones de guerra si algún día quiere llegar a capitán. Si no quiere ser héroe, muy bien, conviértase en villano de su propio futuro y trague el veneno amargo de la histeria de su señora.

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