Reconocerán en esta figura a una de las muñecas de papel que contiene mi libro Cosas buenas que parecen malas. Me encantaría saber si alguien más se ha puesto lúdico. Yo en lo personal, les tengo tanto cariño a cada una de mis veinticinco muñecas que las he coloreado, recortado, mediovestido y llevado a una relajada sesión de fotos en mi escritorio que termina en una reunión photoshopera de alto psicotorreo. Aquí les muestro uno de los resultados.


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