Imagen de Julius Zimmerman, via Jon Pop Art 2 Flickr
Se sigue colando por ahí la añeja idea de que el lesbianismo de las gatas, perras, y otras mamíferas, es un mecanismo calienturrero que tiene por fin la liberación de las hormonas, la atracción del macho, y la monta. La primera declaración es obviamente correcta, la segunda es, en ocasiones, inevitable consecuencia, la tercera un divertido alucine con el que han venido justificando el obsoleto derecho a la posesión; sin embargo, su mafufa fantasía no nos quita lo chorreado.

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